Mi diario

.:: Mi diario::.

He aquí los trozos remendados de un viejo diario ultrajado y polvoriento, que antes fue privado y ya nunca más podrá volver a serlo. En sus letras despojadas de intimidad, ya no quedan secretos pero sí, frases sueltas de mis libros, recuerdos, añoranzas, reflexiones, preguntas, emociones, verdades y mentiras...
Esta página no es un blog, es mi diario ya sin velo y todavía herido, desde aquel día que le arrancaron a mi vida, la palabra: mío.
Laura.


La pelota

Una mano invisible me sostiene y una pregunta sin voz espera mi respuesta...
Ya no miro la ruleta, ni la mano que me sujeta, ni la suerte que me espera.
Cierro los ojos para repetirme una única pregunta: apuesto?, y decidir una única respuesta de las dos posibles: sí o no.
Luego y sólo si contesto afirmativamente, tendré que decidir por segunda vez por el rojo o el negro, ya que el único blanco en todo este juego soy yo: la pelota. La misma que ahora piensa en la tentación de un beso, la desesperación de los celos, la sed de caricias o del placer de ser dos...
Pero me siento abrigada, contenida, cuidada y querida en esta mano invisible que me ofrece con el no, la estabilidad de una rutina sin sobresaltos, ni vaivenes, traiciones o mentiras... Sólo la confianza de saber que será "esto" hasta el fin de mis días. Esto, que es lo más parecido a la paz, que he conocido.
Pero mi alma curiosa, rebelde y atrevida, sucumbe a la adrenalina, al vértigo, a la incertidumbre, a la vulnerabilidad y al miedo y digo que sí, que apuesto al rojo sin saber si ese color que elijo corresponde al odio o al amor.
Y caigo, y empiezo a girar en dirección contraria y todo mi cuerpo sufre los sobresaltos que resultan de mi osadía de rebotar del rojo al negro, del odio al amor, del miedo a la valentía, del ruido de la bienvenida al silencio del adiós...
A veces cuando la mano ofendida que antes me sostenía se olvida de mi traición, navego en la misma dirección de la ruleta, reposando mis curvas en algún color y sintiendo algo parecido a la paz que antes me cobijaba, sólo que ahora es fugaz y tan envidiada, que tarde o temprano vuelvo a rodar por el abismo oscuro de las preguntas sin respuestas.

Un día la ruleta cambiará su giro por otro cada vez más pausado, hasta ese momento en el que todo sea calma: no más sobresaltos, ni golpes, ni azar, ni nada, porque todo habrá terminado. Y entonces, sólo entonces, podré saber si he perdido o he ganado. Un saber tan corto y tan absurdo como todo lo que me ha pasado. Y volveré al regazo de esa mano invisible que me cuida para dejarme tentar con ese cobijo que tanto anhelo ahora, aquí, entre golpes de logros y fracasos. Y volveré a sentir ese momento profundo, sincero, eterno, sencillo, lo más parecido a la paz, que he conocido.

La ruleta es la vida...
La mano invisible: la muerte.
Y el juego: un capricho del azar que nadie entiende.

Laura.-


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